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En el peor momento del campo, los fondos de inversión agrícola se reconvierten para sostener sus gan

La sequía, que puede convertirse en la más grave en 40 años, también pasó a ser un obstáculo a superar por los pooles de siembra y ganaderos. Diversificación de campos y cultivos, sumado a un precio internacional elevado de los commodities, las variables que pueden jugar a favor    


 

Parecen lejanos aquellos días en que los fondos de inversión agrícola salieron de las sombras y llamaron la atención de toda la opinión pública.

Era en pleno conflicto del campo, cuando la población argentina se asombraba de un instrumento financiero al alcance de inversores relativamente pequeños, con el que se podía obtener un rentabilidad anual de 30% en dólares.

La lejanía no sólo se debe a la década transcurrida desde entonces, sino a la dificultad en volver a aquellas marcas de ganancias que ocurrían en pleno boom sojero.

Luego de esa bonanza, los fondos debieron ingeniárselas para reinventarse y afrontar una realidad menos amable -tanto en el contexto de precios internacionales como en las políticas nacionales-. Así lograron estabilizarse en una renta nada despreciable que puede promediar un 15% en dólares en un año "normal".

De esa manera, consolidaron una clientela de ahorristas medianos que no se contentan con utilidades pequeñas y que están dispuestos a asumir los riesgos propios del negocio agropecuario.

Hubo un empujón político que revitalizó este tipo de inversiones tras el cambio de gobierno, cuando se sinceró el precio del dólar y se eliminaron retenciones de exportación para todos los cultivos -excepto la soja, que inició un camino de descenso gradual-.

Pero ahora llegó el momento crítico. Con una sequía inédita que, según las proyecciones, ya se cobró 10 millones de toneladas de soja y cinco millones de toneladas de maíz -y podría provocar una baja de exportaciones de más de u$s4.000 millones, según la Sociedad Rural-, llegó que estos fondos de inversión deben demostrar si tienen capacidad de sortear turbulencias.

arecen lejanos aquellos días en que los fondos de inversión agrícola salieron de las sombras y llamaron la atención de toda la opinión pública.

Era en pleno conflicto del campo, cuando la población argentina se asombraba de un instrumento financiero al alcance de inversores relativamente pequeños, con el que se podía obtener un rentabilidad anual de 30% en dólares.

La lejanía no sólo se debe a la década transcurrida desde entonces, sino a la dificultad en volver a aquellas marcas de ganancias que ocurrían en pleno boom sojero.

Luego de esa bonanza, los fondos debieron ingeniárselas para reinventarse y afrontar una realidad menos amable -tanto en el contexto de precios internacionales como en las políticas nacionales-. Así lograron estabilizarse en una renta nada despreciable que puede promediar un 15% en dólares en un año "normal".

De esa manera, consolidaron una clientela de ahorristas medianos que no se contentan con utilidades pequeñas y que están dispuestos a asumir los riesgos propios del negocio agropecuario.

Hubo un empujón político que revitalizó este tipo de inversiones tras el cambio de gobierno, cuando se sinceró el precio del dólar y se eliminaron retenciones de exportación para todos los cultivos -excepto la soja, que inició un camino de descenso gradual-.

Pero ahora llegó el momento crítico. Con una sequía inédita que, según las proyecciones, ya se cobró 10 millones de toneladas de soja y cinco millones de toneladas de maíz -y podría provocar una baja de exportaciones de más de u$s4.000 millones, según la Sociedad Rural-, llegó que estos fondos de inversión deben demostrar si tienen capacidad de sortear turbulencias.

Fuente I Profesional

 

















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